Izaro miro a la calabaza gigante y le pregunto si quería jugar, la calabaza negó con la cabeza y se alejo de la carretera presurosa, Izaro la siguió con una flor en la mano y después le rogo que jugara, viendo lagrimas en los ojos de la pequeña, Izaro se fue con la calabaza a jugar, jugaron de noche y de dia y se hicieron inseparables amigas, siendo amigas continuaron en el sendero de la vida y a dia de hoy Izaro es una niña feliz y la calabaza también, pues se quieren, se aman y respetan
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